lunes, 2 de diciembre de 2024

LA VIDA TRAS LAS VENTANAS - ROSAURA 1

Llegó a Madrid en el mes de Octubre, en busca de una vida mejor, y huyendo de la inseguridad y con la promesa de que en España podría conseguir un buen trabajo, y podría enviar dinero a su familia que se quedaba en Honduras. Y dejó a su dos hijos que quedaban a cargo de la abuela por un máximo de 6 meses. 

“¿Qué son 6 meses? - se pasan en un suspiro. Ya verás cielo, con la abuela lo vais a pasar fenomenal, y seguro que en primavera, antes de que llegue el verano, en cuanto termine el curso, ya podréis venir conmigo, ¡Veréis que bien vamos a estar!. Con un poco de suerte, incluso encuentro trabajo pronto y gano el dinero suficiente para venir a pasar navidad con vosotros.” 

Eso fue lo que le dijo a Ana, su hija mayor, de 11 años. Al pequeño, a Luis, de 5 años, le dio un abrazo y tantos besos como fue capaz hasta que él se zafó de sus brazos para continuar jugando. A los dos les prometió que volvería pronto a por ellos. 

Eso es lo que de verdad creía Rosaura aquel octubre de 2018, hace ya 6 años, cuando preparaba su viaje para venir a Madrid en busca de un futuro mejor para toda su familia. Solo los ha vuelto a ver en videollamadas, unas videollamadas que cada vez se espacian más. 

Atrás quedaron muchas de aquellas ilusiones, y lo que encontró sin embargo fue desprecio y precariedad y poco más de aquel sueño que se prometió a si misma y a su familia, donde encontraba un buen trabajo y vivía en condiciones que le permitieran progresar y reunir a su familia. 

Veo a Rosaura cada día por las mañanas desde mi ventana mientras desayuno, o mientras hago la comida. Es la mujer que cuida la casa de mi vecina, y que cuida a los hijos de mi vecina, y que cocina para ellos, y lava y plancha y limpia, y hace todas las cosas que debería haber hecho para su familia, y para sus hijos. Pero las hace aquí, al otro lado del mundo, por el salario mínimo, probablemente sin contrato y sin papeles. Y cada mañana, cuando la veo tras mi ventana, Rosaura me saluda, y me sonríe amablemente, y cuando mi hija de 5 años está conmigo, su mirada se vuelve nostalgia pensando en su Luis, que ya tiene 11 años, y le está viendo crecer tras una pantalla. Como yo la veo a ella año tras año, al otro lado del patio, detrás de esa ventana. 



domingo, 1 de diciembre de 2024

LA VIDA TRAS LAS VENTANAS - LAURA 1

Domingo por la noche:

Laura vive sola. Hace dos años que ha llegado a esta ciudad y por fin ha conseguido abandonar el piso compartido en el que vivía con otras compañeras. Compañeras y amigas, por casualidad y por necesidad.

Lleva solo una semana en su nuevo hogar. Es un pequeño apartamento de una habitación. Al menos ha conseguido encontrar un apartamento y no un estudio. El precio era mejor porque no estaba amueblado. Sí que tenía los electrodomésticos porque de lo contrario, tampoco le hubiera servido. No hubiera podido comprarlos. 

Esta primera semana la ha pasado intentando hacerse con muebles básicos y de momento ha conseguido una cama y un sofá. Eso es todo. No una mesa, ni unas sillas. Tampoco una televisión. Ahora ya no hace falta. Vemos todo en nuestro ordenador, tablet o teléfono y Laura tiene las tres cosas, así que la televisión, ya llegará más adelante. 

El resto de sus posesiones son las cosas que le cabían en apenas tres maletas con su ropa y artículos de higiene que ha vaciado en los armarios de su única habitación y en el baño, y cuatro cajas de cartón que pidió en el supermercado de la calle donde estaba su antigua casa compartida. 

Una de las cajas guardaba algunos utensilios de cocina que también ha podido colocar y las otras tres albergan aún sus libros y otros pequeños recuerdos que ha ido acumulando estos dos años. Ahora esas cajas, sin vaciar, son su mesita de noche y la mesita de centro del salón donde poder comer o apoyar el ordenador para trabajar o relajarse. Y de momento irá tirando con eso. No necesita mucho más. Bueno sí. algo que aún no ha conseguido es que la compañía de telefonía le instale internet, así que está en precario y consumiendo los datos de su teléfono. Le han prometido que esta semana llegará la instalación. 

Ahora es domingo por la noche y Laura está mirando por la ventana. Esa ventana al mundo que ha conseguido tener. Poder pagar sola un alquiler en Madrid es para ella un gran triunfo, a pesar de no tener muebles, a pesar de no tener ahorros. 

Laura mira por la ventana mientras escucha música sintiéndose una triunfadora en la ciudad.