domingo, 17 de mayo de 2020

Fases.

Seguimos en Fase 0. Y menos mal porque Madrid, pese a lo que nuestros gobernantes digan, no está aún en condiciones de pasar de Fase. La atención primaria sigue aún atendiendo casos de Covid, por lo que no se atienden el resto de patologías, al igual que ocurre aún en los grandes hospitales, Y las UCI aún siguen muy por encima de su capacidad basal.
De los números de contagios que dan en Madrid es difícil fiarse porque cada día revisan las cifras de días anteriores por lo que habría que revisar la serie semanalmente para hacerse una idea de los nuevos contagios diarios reportados.
Son los sanitarios, esos a los que hoy dejaremos de aplaudir, los que están haciendo su propio recuento, y sus cifras son, al menos para mi, mucho más fiables.
La gente sin embargo no parece estar de acuerdo. Caceroladas  alas 21,00 más sonoras que los aplausos, y gente en las calles saltándose todas las normas de distanciamiento social. Y supongo que no hay más actos insolidarios porque los bares siguen cerrados.
Ahora parece que las mascarillas serán por fin obligatorias.  A ver si dejamos de oír la excusa en aquellos que ya no se la están poniendo, aunque supongo que exigirán al gobierno que se las dé gratis. Siempre es más fácil culpar a otro de lo que nosotros hacemos mal.

viernes, 15 de mayo de 2020

La (NO) humildad de nuestra clase política


Estos días he estado reflexionando acerca de porqué la humildad es un valor, que en mi opinión (y podría decir humilde opinión) escasea en nuestra clase política. He decidido acudir a la RAE y ya creo entender mejor el porqué.
Según la RAE, humildad se define en su primera acepción como la “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, en segunda acepción se define como *Bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie” y en su tercera acepción como “Sumisión, rendimiento”.
Limitación, debilidad, bajeza, sumisión y rendirse son palabras todas con una connotación muy negativa y seguramente son sustantivos que ningún experto en Marketing recomendaría a ningún político como estrategia. Tampoco a ninguno de nosotros nos gustaría que nos definieran como débil, o como sumiso.
Y sin embargo yo creo que sería una bocanada de aire fresco que alguno de los Gestores de la mayor crisis que está sufriendo nuestro país demostrara un poco de humildad.
Quizá habría que modificar la definición de humildad para que refleje lo que todos pensamos que es esa gran virtud. Cuando uno demuestra humildad está reconociendo no saberlo todo y reconoce por tanto que es lo suficientemente inteligente como para solicitar ayuda de aquellos que tienen mayores conocimientos. Está pidiendo perdón si en algo se ha equivocado y demuestra por tanto interés por mejorar las cosas.
¿Os imagináis a Pedro Sanchez reconociendo en el Congreso de los diputados que se equivocaron? Porque se equivocaron al no ser previsores, se equivocaron al no aprovisionarse de material para los sanitarios y fuerzas de seguridad, y también para la ciudadanía, se equivocaron al permitir grandes concentraciones cuando ya teníamos casi cien casos confirmados, se equivocaron al afirmar que en esas primeras semanas de marzo la transmisión del virus estaba controlada, cuando era ya más que evidente que existía transmisión comunitaria en varias comunidades españolas.
¿Os imagináis a Isabel Díaz Ayuso reconociendo en la Asamblea de Madrid que se equivocaron? Porque se equivocaron en Madrid y cometieron los mismos errores que el Gobierno Central al no ser previsores y organizar los servicios hospitalarios para atender la demanda que vendría, y se equivocaron al no abastecerse de los EPIS necesarios a tiempo, pues son las consejerías de Sanidad de las Comunidades los responsables gestores de la Sanidad al encontrarse las competencias transferidas y sí, también se equivocaron al rescindir los contratos de las empresas que proveían los menús de las becas de comedor y adjudicar estos servicios a Telepizza y Rodilla.
Es cierto que no estábamos preparados para esto. Nadie lo estaba. Pero además de reconocer que nos faltaba esa preparación, ¿no sería mejor ser humildes, reconocer que se han cometido errores, y pedir ayuda sincera? ¿Qué tal si dijeran abiertamente quienes son los asesores y cuál es su capacitación curricular en materia epidemiológica y económica? ¿Y qué tal si preguntaran a la oposición si hay alguien con mayores conocimientos que no estuvieran en ese equipo
Y ahora imaginad a la oposición, del partido que sea, ofreciendo su ayuda. Imaginad a Pablo casado poniendo a disposición del bien común sus mejores conocimientos, sus mejores expertos, para que puedan ayudar a salir de esta situación lo antes posible, tanto en materia de salud pública como en materia económica.

Porque para esto deberíamos tener a los mejores. Que no dudo yo que no los tengamos, es que, de momento, no sabemos quiénes son. O al menos, no lo sabemos por declaraciones oficiales.
Yo no creo que demostrar humildad sea un signo de debilidad, y tampoco creo que la filosofía de echar la culpa de todo a quien toma las decisiones sin ofrecer alternativas sea la más inteligente.
Tener la lucidez de cambiar de actitud les haría más grandes y nos haría soñar que otra clase política en este país es posible, y creo que, por primera vez, nos haría sentir orgullosos y entonces igual empezaríamos a pensar que merece la pena ir a las urnas.
Porque yo no creo que ni unos ni otros nos quieren llevar a la ruina, pero los unos intentando salvarse de lo que ya es una muerte política asegurada, y los otros intentando sacar rédito político de una situación de crisis sin precedentes, nos están condenando a toda España.
Aunque quizá, para que algo así suceda, la sociedad debería mostrar algo más de madurez democrática, y también de humildad. De momento, seguimos considerando los colores políticos como si de equipos de futbol estuviéramos hablando, generándose así la otra ceguera política. No esa que manifiestan los políticos cuando con sus decisiones y su no ponerse de acuerdo permanecen ajenos a lo que la sociedad necesita o demanda, sino la que manifiestan los ciudadanos, que no son capaces de ser objetivos con los errores cometidos por los dirigentes que visten sus colores, defendiéndolos pese a todo, sin ser capaces tampoco de reconocer cuando el equipo contrario ha hecho algo bien.
Si algo empiezo a tener claro es que la forma de salir de esta crisis parte de la responsabilidad que como individuos tenemos cada uno de nosotros. Llegados a este punto creo que todos somos ya conocedores de cuáles son las medidas efectivas para contener al virus, y solo si las aplicamos conseguiremos contener al virus. El estado de confinamiento ha funcionado para contener la propagación del virus, pero todos estamos de acuerdo que es un estado que no podremos mantener permanentemente y que hemos de, poco a poco, intentar recuperar lo que han venido a llamar “Nueva normalidad”, esa en la que debemos aprender a relacionarnos nuevamente con nuestros iguales a través de una mascarilla y a dos metros de distancia. Pero como decía anteriormente, falta madurez en nuestra sociedad, y yo particularmente no tengo mucha fe cuando cada vez que damos un paso más a favor de la desescalada vemos esos comportamientos de superhombres en la calle saltándose todos los protocolos de distanciamiento social. Y también, dicho sea de paso, esa falta de humildad cuando ante las llamadas de atención, de las fuerzas de seguridad, de los medios de comunicación, y sí, también de esos nuevos policías de balcón, no somos capaces de reconocer que quizá, también nosotros como ciudadanos estamos haciendo algo mal.
Nos queda la esperanza de la mayoría silenciosa que hace las cosas bien.




lunes, 11 de mayo de 2020

Confinamiento

Dos meses se cumplen hoy desde que en nuestra casa nos confinamos y solo salimos para lo estrictamente necesario.

No he hecho nada extraordinario y sí he caído en algunos de las nuevas aficiones de este tiempo de confinamiento.

He dedicado mucho tiempo a cocinar.
He hecho pan y encontrar harina de fuerza y levadura de panadería es para mi una prioridad cuando hago la compra (online por supuesto). Solo lo he conseguido una vez en estos dos meses.
He hecho bizcochos, de varios tipos, así que la harina normal y la levadura royal también son un must en mi lista de la compra. Igual que con la otra, solo las he conseguido en una ocasión.
He hecho otro tipo de dulces, como por ejemplo el flan, con los que saciar mi ansiedad y la gula de mi familia.
Y he cocinado cosas que nunca antes había hecho, como por ejemplo, fabes o albóndigas, intentando imitar en este último caso las que hacía mi madre, y con bastante éxito he de decir.

Durante las primeras tres semanas creo que estuve sobreinformada. Veía todos los informativos, consumía ávidamente el canal 24 horas, leía en redes todo lo relacionado con la pandemia y casi el único tema de conversación era el Coronavirus. Luego dejé de hacerlo. Me cansé de las mentiras. Ahora si veo un informativo al día es suficiente. Me informo por prensa en redes, y por las propias noticias que se comparten en las redes. Pero la mayor parte del día la televisión está apagada.

No he hecho ejercicio, más allá del yoga. Pero no tengo una rutina establecida como tal. Cuando me apetece hago algo y cuando no, pues no. Y no me siento culpable. Paso días enteros sin hacer nada.

No estoy consumiendo más cine y más series que las habituales del fin de semana, con la pizza de rigor (que hacemos en casa).

No he hecho ningún curso online, aunque ahora estoy pensando en apuntarme a alguno. Pero el motivo no es aprovechar el confinamiento sino recuperar proyectos que estaban aparcados, así que los haría igualmente en caso de no estar confinados. Digamos que el plantearme hacer algún curso es más indicativo de una vuelta a la normalidad que al contrario.

Sí he vuelto a escribir. Y una pequeña muestra de ello es la creación de este blog. Eso sí es consecuencia directa del confinamiento. Aunque muy probablemente lo hubiera hecho de igual modo por mis circunstancias personales.

Se que no voy a salir de este confinamiento siendo mejor persona. Creo que en general, no saldremos siendo mejores como sociedad.

Creo que nos escondemos detrás del concepto de mediterráneos para justificarnos. Necesitamos el contacto, nos decimos, no somos como los nórdicos. Somo de abrazos y besos, de estar con mucha gente, de compartir. Todo eso nos decimos. Yo creo que en realidad lo que queremos es que no nos impongan una manera de hacer. Nosotros ya sabemos bien que es lo que tenemos que hacer. ¡Faltaría más! Queremos dar libertad a nuestros impulsos de hacer lo que consideramos que es mejor para nosotros, lo que nos reporta más satisfacción esté o no bien. Y por eso en cuanto nos han soltado hemos empezado a ver comportamientos poco responsables con la contención de la pandemia. Porque no estamos pensando en el bien común como sociedad, sino en nosotros mismos.

No creo que nada cambie cuando todo esto acabe y recuperemos la normalidad. No la nueva normalidad, sino la antigua normalidad. En cuanto todo pase nos olvidaremos de lo vivido y volveremos a nuestra rutina, porque creo que es lo que nos permite seguir adelante entre tanto individualismo camuflado.

Yo de momento, no me he sentido mal en esta nueva rutina. Así que seguiré viendo la vida a través de la ventana y saliendo solo para lo imprescindible.



domingo, 10 de mayo de 2020

Viajar

Ahora miro muy a menudo las fotos de nuestros viajes. Las miro porque de algún modo soy capaz de sentir lo mismo que sentía cuando esas fotos fueron tomadas.

Hace algunos años, nuestras vacaciones de verano eran por un lado playa, por otro pueblo. Y estaban bien, pero yo quería algo más.

Los últimos 6 años adoptamos una costumbre. Un viaje en invierno y un viaje en verano. Y el pueblo, el pueblo no lo perdonamos nunca.

El viaje de verano es el que más tiempo me lleva preparar.
Pensar el destino e investigarlo, buscar los vuelos, planificar la ruta, las paradas, días que permaneceremos en cada destino, las actividades, las visitas, los alojamientos.

Invierto muchas horas realizando esa tarea e imaginando lo que sentiré al llegar allí. Comparto mis planificaciones con la familia que siempre me dicen a todo que si y se dejan llevar por mi planificación. Y disfruto casi tanto de la planificación como del viaje. Tiempo de evasión.

Viajar es explorar nuevos lugares, sus gentes, sus paisajes, su cultura, su arquitectura, su gastronomía, su historia. Es conocer, es libertad, es flexibilidad, es sorpresa, es cansancio, es tristeza y alegría, es abandonar la rutina durante unos días y dejar de ser yo y mis responsabilidades para solo sentir lo que el mundo tiene que ofrecer. Y es desear volver a casa para darte cuenta de lo afortunado que eres por volver.
Y el mundo es tan grande.

Son muchas sensaciones y muchas emociones concentradas en un corto espacio de tiempo.

Este año todo se ha paralizado. Esto también nos lo ha quitado el coronavirus. Este año no puedo planificar ese viaje que haríamos y lo extraño. Así que miro las fotos y pienso cuál sería el destino de este año. Y pienso en cuándo podremos hacerlo.

Por suerte el año pasado hicimos un viaje no planificado adicional, así que nos sobra uno. Habrá que tener paciencia.







sábado, 9 de mayo de 2020

Gente brillante

Volver a los blogs me está haciendo reconciliarme con el género humano.

Cuanta gente brillante habita por el mundo.
Cuanta gente con inquietudes que saciar y en busca de información.
Cuanta gente con verdadero talento escribiendo desinteresadamente para que otros podamos leerles.
Cuanta gente que nos descubre los maravillosos o tenebrosos mundos en los que habita y nos deja pasar para echar un vistazo.


Y cuanto me queda por aprender a mi.

viernes, 8 de mayo de 2020

Coronavirus, tiempos de pandemia

No estábamos preparados en nuestra sociedad supremacista para enfrentarnos a una catástrofe semejante. Ni nos podíamos imaginar que una amenaza como ésta pudiera atacarnos a nosotros.

Cuando todo empezó en China supongo que, como siempre, no quisimos hacer demasiado caso pues seguimos considerándonos esa sociedad occidental más avanzada. Pero era evidente que algo estaba pasando que trascendía a otras epidemias pasadas. ¿Como es posible que no nos diéramos cuenta solo con ver las imágenes que llegaban? Yo me dí cuenta y me llamaron agorera y alarmista. En Enero compre mascarillas, de las buenas, las que ahora es absolutamente imposible conseguir, las FFP3. Aunque he de reconocer que probablemente yo sí presté más atención porque soy población de riesgo. Pero, ¿como puede ser que si yo lo vi venir los técnicos que asesoran a los gobiernos no advirtieran a éstos de que había que aprovisionarse de materiales y preparase para lo que era evidente que estaba por llegar? ¿O sí lo hicieron y simplemente fueron ignorados del mismo modo que la población general ignoró las señales de advertencia que las televisiones mostraban al enseñar las imágenes de China?

El virus se fue acercando y tampoco fuimos capaces como sociedad de adelantarnos. La verdadera alarma fue cuando se empezó a extender por Italia y empezó a causar muertes. Aun ahí hubiéramos estado a tiempo de hacer algo más, pero tampoco. Seguimos diciendo que era como una gripe, que solo atacaba a los mayores (como si eso fuera menos importante) sin darnos cuenta que el verdadero problema sería no poder abordar desde el punto de vista sanitario una crisis semejante. De todos aquellos que hablaron en los medios en aquel momento restando importancia al problema o haciendo bromas aún estoy esperando cierto atisbo de humildad y quizá, no estaría demás, pedir algunas disculpas. Pero no, en lugar de eso es más sencillo decir que nadie lo vio venir y que todos nos equivocamos. Y puede ser, pero no todos estamos frente a millones de personas informando. Creo que en esas circunstancias el deber de un buen comunicador es pedir disculpas, porque por el motivo que sea, se equivocaron.

Y lo mismo ocurre con nuestra clase política, los que manejan el timón y por tanto el futuro de todos nosotros a medio y largo plazo. Sean del color que sean, tanto del Gobierno Central como de las Comunidades Autónomas. Señores, ustedes también se equivocaron. Se equivocaron en sus previsiones, se equivocaron al desinformar, se equivocaron al no preparar al sistema sanitario para lo que venía, se equivocaron al no aprovisionarse de materiales. Y sería mucho más saludable y una buena enseñanza para la sociedad que salieran a pedir disculpas admitiendo sus errores, en lugar de tirar balones fuera, en lugar de echarse la culpa los unos a los otros y de poner como ejemplo aquellos que lo han hecho peor.

Y luego estamos nosotros, los ciudadanos.
No dejo de escuchar que tenemos un comportamiento ejemplar pero yo no paro de ver ejemplos de lo contrario. Quizá sea una minoría, pero deben estar todos entonces en mi barrio porque, minoría o no, yo veo por la ventana comportamientos de lo más incívicos todos los días. No tan llamativos como las imágenes, probablemente sensacionalistas, que nos enseñas las televisiones. Son comportamientos más discretos pero no por ellos menos reprobables.

A estas alturas de la evolución de la pandemia y a mínimamente que no vayamos por la vida con los ojos cerrados, ya todos debemos saber cuáles son las medidas eficaces para contener el virus. Distanciamiento social y uso de medidas de protección individual. Pero si no nos obligan parece que esto no va con nosotros. Que a nosotros no nos va a tocar, que somos más fuertes. Somos la generación de los inmortales.

El uso de mascarillas sigue brillando por su ausencia. Y la respuesta que da la gente es que no son obligatorias.
Aquellos que sí las usan lo hacen mal, se dejan parte de la cara sin cubrir, se la quitan para hablar con los vecinos que se encuentran, se la quitan y se la ponen continuamente, y no estoy en sus casas pero probablemente usen la misma mascarilla día tras día.

Los guantes no valen de nada si tocamos todo con ellos. Es igual que las manos, también se ensucian. Los guantes no tienen un dispositivo de autolimpieza. Es igual de efectivo ir con las manos al descubierto que con guantes. Lo que hace falta es no tocarse la cara (o la mascarilla) y lavarse las manos (a conciencia) o usar un gel hidroalcohólico. No es tan difícil.

Y sé que somos una sociedad que necesita el contacto físico, pero no es momento de acercarnos al vecino, no es momento de abrazos, ni de apretones de manos, ni de besos porque llevamos meses encerrados y sin vernos. Es momento de permanecer a dos metros de distancia del otro, de ponerse adecuadamente una mascarilla y de extremar las medidas de higiene, para protegernos primero a nosotros mismos, pero también a la sociedad.

Y si no lo hacemos, lo que estamos viviendo ahora será el futuro que nos espera hasta que una vacuna o tratamiento eficaz esté disponible, y ya os adelanto que cuando eso suceda es probable que España no esté entre los primeros países de la lista en disponer de esos recursos.
Pero si aprendemos, quizá podamos poco a poco salir hacia una nueva normalidad mientras se encuentra un remedio.

Quien argumente que entonces la economía morirá es que no se da cuenta que cuanto más tardemos en controlar el virus más tiempo permaneceremos con nuestra economía en suspenso.
Y es que gran parte de la solución está en nuestras manos ahora mismo como individuos y en nuestra responsabilidad individual para solucionar un problema, sanitario y económico, que es de todos.

Pero como siempre, echarle a otro la culpa de lo que sucede siempre es más facil que asumir nuestras propias responsabilidades individuales.

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jueves, 7 de mayo de 2020

Recuperando

Recuperando viejas costumbres me he puesto a visitar las antiguas webs y blogs que visitaba allá por los años en que yo misma escribía un blog para ver quién sigue en activo. ¿Cómo se puede dejar de leer? De leer lo que sea, libros, blogs, artículos, ... simplemente me abandoné a la mecedora de las redes sociales, donde se puede uno perder para dejar de pensar en sí mismo y donde la recompensa es inmediata.
Bueno, pues tenéis a la derecha del blog enlaces a páginas externas (Lecturas) con otros blogs que, en mi opinión, son blogs interesantes que seguir. Un poco de paciencia y algo más de tiempo y esa lista irá creciendo.

Ojo con las expectativas ...

... y para que nadie se lleve a engaño, este no es un Blog original y/o con mucha información de la que aprender acerca de un tema concreto o de gran interés, o relevante. No he creado este blog con intención de ganar dinero, o de dar lecciones o enseñar algo al mundo en lo que yo sea experta. No soy experta ni especialista en nada.

¿Y entonces qué es?

Creo que no le pondré etiqueta aunque supongo que lo que más podría acercarse es Diario. Porque escribiré en función de las ideas que diariamente van surgiendo a medida que voy empapándome del mundo que me rodea.

miércoles, 6 de mayo de 2020

¿Por qué?

Enfrentarme de nuevo a una página en blanco, a una entrada en blanco en este caso, es mi modo de vencer al miedo y de buscar una vía alternativa para recomenzar otra vez.
No sé ahora mismo dónde me llevará este nuevo comienzo, no sé cuánto tiempo me va a durar, pero si algo tengo claro es que ésto es lo que quiero hacer ahora.
En los últimos dos años mi vida ha dado un giro de más de 180º tanto a nivel profesional como sobre todo a nivel personal que me ha puesto del revés completamente.
Siempre me gustó escribir. Cuando era adolescente era una vía de escape, más adelante fue una vía de expresión, y más tarde lo dejé por miedo y por vergüenza. Miedo porque cuando publicas en abierto siempre alguien que te conozca puede descubrirte y entonces quedarás expuesto y ahí entra en juego la vergüenza. ¿Por qué entonces no escribir para ti? ¿Por qué exponerlo públicamente? No sé si tengo respuesta a esa pregunta. Supongo que de algún modo quiero que me lean, pienso en si lo que escribo gustará o no, enganchará o no; es decir, escribo porque lo necesito pero en cierto modo lo hago pensando en aquellos que lo leerán y por eso lo publico.
De momento comenzar con un blog es algo tímido en cuanto a las aspiraciones de que alguien lo lea, sobre todo si no lo voy a publicitar, si no hay un tema concreto, si no tengo contenido interesante que atraiga al lector,  sino que simplemente voy a plasmar mis pensamientos, mis sentimientos y mis opiniones, pero, ¿quien sabe? Quizá más adelante... ? Me ha costado mucho volver a empezar. Otra vez el miedo.
Esta es la primera entrada de este blog, la que explica porqué he vuelto. Digo he vuelto porque hace años ya fui bloggera, y por aquél entonces sí conseguí llegar a bastante gente. No publicaba con mi nombre sino con un seudónimo (Yaiza). Era un Diario que me reportó satisfacciones en general, pero en algún momento me perdí del todo y al igual que quemé mis diarios de cuando tenía 16 años también ese Diario virtual fue eliminado de la red. Y sin embargo, aquí estoy, otra vez, explorando dónde me va a llevar esto.
Página en Blanco
He de encontrarme de nuevo, he de tener otra vez ilusiones y metas, y por eso este blog se titula Mil Motivos, y por eso comenzar de nuevo este viaje, dure lo que dure, por una de mis pasiones que ha estado conmigo desde siempre y que tantas veces me ha ayudado: ESCRIBIR.