lunes, 11 de mayo de 2020

Confinamiento

Dos meses se cumplen hoy desde que en nuestra casa nos confinamos y solo salimos para lo estrictamente necesario.

No he hecho nada extraordinario y sí he caído en algunos de las nuevas aficiones de este tiempo de confinamiento.

He dedicado mucho tiempo a cocinar.
He hecho pan y encontrar harina de fuerza y levadura de panadería es para mi una prioridad cuando hago la compra (online por supuesto). Solo lo he conseguido una vez en estos dos meses.
He hecho bizcochos, de varios tipos, así que la harina normal y la levadura royal también son un must en mi lista de la compra. Igual que con la otra, solo las he conseguido en una ocasión.
He hecho otro tipo de dulces, como por ejemplo el flan, con los que saciar mi ansiedad y la gula de mi familia.
Y he cocinado cosas que nunca antes había hecho, como por ejemplo, fabes o albóndigas, intentando imitar en este último caso las que hacía mi madre, y con bastante éxito he de decir.

Durante las primeras tres semanas creo que estuve sobreinformada. Veía todos los informativos, consumía ávidamente el canal 24 horas, leía en redes todo lo relacionado con la pandemia y casi el único tema de conversación era el Coronavirus. Luego dejé de hacerlo. Me cansé de las mentiras. Ahora si veo un informativo al día es suficiente. Me informo por prensa en redes, y por las propias noticias que se comparten en las redes. Pero la mayor parte del día la televisión está apagada.

No he hecho ejercicio, más allá del yoga. Pero no tengo una rutina establecida como tal. Cuando me apetece hago algo y cuando no, pues no. Y no me siento culpable. Paso días enteros sin hacer nada.

No estoy consumiendo más cine y más series que las habituales del fin de semana, con la pizza de rigor (que hacemos en casa).

No he hecho ningún curso online, aunque ahora estoy pensando en apuntarme a alguno. Pero el motivo no es aprovechar el confinamiento sino recuperar proyectos que estaban aparcados, así que los haría igualmente en caso de no estar confinados. Digamos que el plantearme hacer algún curso es más indicativo de una vuelta a la normalidad que al contrario.

Sí he vuelto a escribir. Y una pequeña muestra de ello es la creación de este blog. Eso sí es consecuencia directa del confinamiento. Aunque muy probablemente lo hubiera hecho de igual modo por mis circunstancias personales.

Se que no voy a salir de este confinamiento siendo mejor persona. Creo que en general, no saldremos siendo mejores como sociedad.

Creo que nos escondemos detrás del concepto de mediterráneos para justificarnos. Necesitamos el contacto, nos decimos, no somos como los nórdicos. Somo de abrazos y besos, de estar con mucha gente, de compartir. Todo eso nos decimos. Yo creo que en realidad lo que queremos es que no nos impongan una manera de hacer. Nosotros ya sabemos bien que es lo que tenemos que hacer. ¡Faltaría más! Queremos dar libertad a nuestros impulsos de hacer lo que consideramos que es mejor para nosotros, lo que nos reporta más satisfacción esté o no bien. Y por eso en cuanto nos han soltado hemos empezado a ver comportamientos poco responsables con la contención de la pandemia. Porque no estamos pensando en el bien común como sociedad, sino en nosotros mismos.

No creo que nada cambie cuando todo esto acabe y recuperemos la normalidad. No la nueva normalidad, sino la antigua normalidad. En cuanto todo pase nos olvidaremos de lo vivido y volveremos a nuestra rutina, porque creo que es lo que nos permite seguir adelante entre tanto individualismo camuflado.

Yo de momento, no me he sentido mal en esta nueva rutina. Así que seguiré viendo la vida a través de la ventana y saliendo solo para lo imprescindible.



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