Estos días he estado reflexionando acerca de porqué la
humildad es un valor, que en mi opinión (y podría decir humilde opinión) escasea
en nuestra clase política. He decidido acudir a la RAE y ya creo entender mejor
el porqué.
Según la RAE, humildad
se define en su primera acepción como la “Virtud
que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en
obrar de acuerdo con este conocimiento”, en segunda acepción se define como
*Bajeza de nacimiento o de otra cualquier
especie” y en su tercera acepción como “Sumisión,
rendimiento”.
Limitación, debilidad, bajeza, sumisión y rendirse son
palabras todas con una connotación muy negativa y seguramente son sustantivos
que ningún experto en Marketing recomendaría a ningún político como estrategia.
Tampoco a ninguno de nosotros nos gustaría que nos definieran como débil, o
como sumiso.
Y sin embargo yo creo que sería una bocanada de aire fresco
que alguno de los Gestores de la mayor crisis que está sufriendo nuestro país demostrara
un poco de humildad.
Quizá habría que modificar la definición de humildad para que
refleje lo que todos pensamos que es esa gran virtud. Cuando uno demuestra
humildad está reconociendo no saberlo todo y reconoce por tanto que es lo
suficientemente inteligente como para solicitar ayuda de aquellos que tienen
mayores conocimientos. Está pidiendo perdón si en algo se ha equivocado y
demuestra por tanto interés por mejorar las cosas.
¿Os imagináis a Pedro Sanchez reconociendo en el Congreso de
los diputados que se equivocaron? Porque se equivocaron al no ser previsores,
se equivocaron al no aprovisionarse de material para los sanitarios y fuerzas
de seguridad, y también para la ciudadanía, se equivocaron al permitir grandes
concentraciones cuando ya teníamos casi cien casos confirmados, se equivocaron
al afirmar que en esas primeras semanas de marzo la transmisión del virus
estaba controlada, cuando era ya más que evidente que existía transmisión
comunitaria en varias comunidades españolas.
¿Os imagináis a Isabel Díaz Ayuso reconociendo en la Asamblea
de Madrid que se equivocaron? Porque se equivocaron en Madrid y cometieron los
mismos errores que el Gobierno Central al no ser previsores y organizar los
servicios hospitalarios para atender la demanda que vendría, y se equivocaron
al no abastecerse de los EPIS necesarios a tiempo, pues son las consejerías de
Sanidad de las Comunidades los responsables gestores de la Sanidad al
encontrarse las competencias transferidas y sí, también se equivocaron al
rescindir los contratos de las empresas que proveían los menús de las becas de
comedor y adjudicar estos servicios a Telepizza y Rodilla.
Es cierto que no estábamos preparados para esto. Nadie lo
estaba. Pero además de reconocer que nos faltaba esa preparación, ¿no sería
mejor ser humildes, reconocer que se han cometido errores, y pedir ayuda
sincera? ¿Qué tal si dijeran abiertamente quienes son los asesores y cuál es su
capacitación curricular en materia epidemiológica y económica? ¿Y qué tal si
preguntaran a la oposición si hay alguien con mayores conocimientos que no
estuvieran en ese equipo
Y ahora imaginad a la oposición, del partido que sea, ofreciendo
su ayuda. Imaginad a Pablo casado poniendo a disposición del bien común sus
mejores conocimientos, sus mejores expertos, para que puedan ayudar a salir de
esta situación lo antes posible, tanto en materia de salud pública como en
materia económica.
Porque para esto deberíamos tener a los mejores. Que no dudo
yo que no los tengamos, es que, de momento, no sabemos quiénes son. O al menos,
no lo sabemos por declaraciones oficiales.
Yo no creo que demostrar humildad sea un signo de debilidad,
y tampoco creo que la filosofía de echar la culpa de todo a quien toma las
decisiones sin ofrecer alternativas sea la más inteligente.
Tener la lucidez de cambiar de actitud les haría más grandes
y nos haría soñar que otra clase política en este país es posible, y creo que,
por primera vez, nos haría sentir orgullosos y entonces igual empezaríamos a pensar
que merece la pena ir a las urnas.
Porque yo no creo que ni unos ni otros nos quieren llevar a
la ruina, pero los unos intentando salvarse de lo que ya es una muerte política
asegurada, y los otros intentando sacar rédito político de una situación de
crisis sin precedentes, nos están condenando a toda España.
Aunque quizá, para que algo así suceda, la sociedad debería
mostrar algo más de madurez democrática, y también de humildad. De momento,
seguimos considerando los colores políticos como si de equipos de futbol
estuviéramos hablando, generándose así la otra ceguera política. No esa que
manifiestan los políticos cuando con sus decisiones y su no ponerse de acuerdo
permanecen ajenos a lo que la sociedad necesita o demanda, sino la que
manifiestan los ciudadanos, que no son capaces de ser objetivos con los errores
cometidos por los dirigentes que visten sus colores, defendiéndolos pese a todo,
sin ser capaces tampoco de reconocer cuando el equipo contrario ha hecho algo
bien.
Si algo empiezo a tener claro es que la forma de salir de
esta crisis parte de la responsabilidad que como individuos tenemos cada uno de
nosotros. Llegados a este punto creo que todos somos ya conocedores de cuáles
son las medidas efectivas para contener al virus, y solo si las aplicamos
conseguiremos contener al virus. El estado de confinamiento ha funcionado para
contener la propagación del virus, pero todos estamos de acuerdo que es un
estado que no podremos mantener permanentemente y que hemos de, poco a poco,
intentar recuperar lo que han venido a llamar “Nueva normalidad”, esa en la que
debemos aprender a relacionarnos nuevamente con nuestros iguales a través de
una mascarilla y a dos metros de distancia. Pero como decía anteriormente,
falta madurez en nuestra sociedad, y yo particularmente no tengo mucha fe
cuando cada vez que damos un paso más a favor de la desescalada vemos esos
comportamientos de superhombres en la calle saltándose todos los protocolos de
distanciamiento social. Y también, dicho sea de paso, esa falta de humildad
cuando ante las llamadas de atención, de las fuerzas de seguridad, de los
medios de comunicación, y sí, también de esos nuevos policías de balcón, no
somos capaces de reconocer que quizá, también nosotros como ciudadanos estamos
haciendo algo mal.
Nos queda la esperanza de la mayoría silenciosa que hace las
cosas bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario