viernes, 15 de mayo de 2020

La (NO) humildad de nuestra clase política


Estos días he estado reflexionando acerca de porqué la humildad es un valor, que en mi opinión (y podría decir humilde opinión) escasea en nuestra clase política. He decidido acudir a la RAE y ya creo entender mejor el porqué.
Según la RAE, humildad se define en su primera acepción como la “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, en segunda acepción se define como *Bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie” y en su tercera acepción como “Sumisión, rendimiento”.
Limitación, debilidad, bajeza, sumisión y rendirse son palabras todas con una connotación muy negativa y seguramente son sustantivos que ningún experto en Marketing recomendaría a ningún político como estrategia. Tampoco a ninguno de nosotros nos gustaría que nos definieran como débil, o como sumiso.
Y sin embargo yo creo que sería una bocanada de aire fresco que alguno de los Gestores de la mayor crisis que está sufriendo nuestro país demostrara un poco de humildad.
Quizá habría que modificar la definición de humildad para que refleje lo que todos pensamos que es esa gran virtud. Cuando uno demuestra humildad está reconociendo no saberlo todo y reconoce por tanto que es lo suficientemente inteligente como para solicitar ayuda de aquellos que tienen mayores conocimientos. Está pidiendo perdón si en algo se ha equivocado y demuestra por tanto interés por mejorar las cosas.
¿Os imagináis a Pedro Sanchez reconociendo en el Congreso de los diputados que se equivocaron? Porque se equivocaron al no ser previsores, se equivocaron al no aprovisionarse de material para los sanitarios y fuerzas de seguridad, y también para la ciudadanía, se equivocaron al permitir grandes concentraciones cuando ya teníamos casi cien casos confirmados, se equivocaron al afirmar que en esas primeras semanas de marzo la transmisión del virus estaba controlada, cuando era ya más que evidente que existía transmisión comunitaria en varias comunidades españolas.
¿Os imagináis a Isabel Díaz Ayuso reconociendo en la Asamblea de Madrid que se equivocaron? Porque se equivocaron en Madrid y cometieron los mismos errores que el Gobierno Central al no ser previsores y organizar los servicios hospitalarios para atender la demanda que vendría, y se equivocaron al no abastecerse de los EPIS necesarios a tiempo, pues son las consejerías de Sanidad de las Comunidades los responsables gestores de la Sanidad al encontrarse las competencias transferidas y sí, también se equivocaron al rescindir los contratos de las empresas que proveían los menús de las becas de comedor y adjudicar estos servicios a Telepizza y Rodilla.
Es cierto que no estábamos preparados para esto. Nadie lo estaba. Pero además de reconocer que nos faltaba esa preparación, ¿no sería mejor ser humildes, reconocer que se han cometido errores, y pedir ayuda sincera? ¿Qué tal si dijeran abiertamente quienes son los asesores y cuál es su capacitación curricular en materia epidemiológica y económica? ¿Y qué tal si preguntaran a la oposición si hay alguien con mayores conocimientos que no estuvieran en ese equipo
Y ahora imaginad a la oposición, del partido que sea, ofreciendo su ayuda. Imaginad a Pablo casado poniendo a disposición del bien común sus mejores conocimientos, sus mejores expertos, para que puedan ayudar a salir de esta situación lo antes posible, tanto en materia de salud pública como en materia económica.

Porque para esto deberíamos tener a los mejores. Que no dudo yo que no los tengamos, es que, de momento, no sabemos quiénes son. O al menos, no lo sabemos por declaraciones oficiales.
Yo no creo que demostrar humildad sea un signo de debilidad, y tampoco creo que la filosofía de echar la culpa de todo a quien toma las decisiones sin ofrecer alternativas sea la más inteligente.
Tener la lucidez de cambiar de actitud les haría más grandes y nos haría soñar que otra clase política en este país es posible, y creo que, por primera vez, nos haría sentir orgullosos y entonces igual empezaríamos a pensar que merece la pena ir a las urnas.
Porque yo no creo que ni unos ni otros nos quieren llevar a la ruina, pero los unos intentando salvarse de lo que ya es una muerte política asegurada, y los otros intentando sacar rédito político de una situación de crisis sin precedentes, nos están condenando a toda España.
Aunque quizá, para que algo así suceda, la sociedad debería mostrar algo más de madurez democrática, y también de humildad. De momento, seguimos considerando los colores políticos como si de equipos de futbol estuviéramos hablando, generándose así la otra ceguera política. No esa que manifiestan los políticos cuando con sus decisiones y su no ponerse de acuerdo permanecen ajenos a lo que la sociedad necesita o demanda, sino la que manifiestan los ciudadanos, que no son capaces de ser objetivos con los errores cometidos por los dirigentes que visten sus colores, defendiéndolos pese a todo, sin ser capaces tampoco de reconocer cuando el equipo contrario ha hecho algo bien.
Si algo empiezo a tener claro es que la forma de salir de esta crisis parte de la responsabilidad que como individuos tenemos cada uno de nosotros. Llegados a este punto creo que todos somos ya conocedores de cuáles son las medidas efectivas para contener al virus, y solo si las aplicamos conseguiremos contener al virus. El estado de confinamiento ha funcionado para contener la propagación del virus, pero todos estamos de acuerdo que es un estado que no podremos mantener permanentemente y que hemos de, poco a poco, intentar recuperar lo que han venido a llamar “Nueva normalidad”, esa en la que debemos aprender a relacionarnos nuevamente con nuestros iguales a través de una mascarilla y a dos metros de distancia. Pero como decía anteriormente, falta madurez en nuestra sociedad, y yo particularmente no tengo mucha fe cuando cada vez que damos un paso más a favor de la desescalada vemos esos comportamientos de superhombres en la calle saltándose todos los protocolos de distanciamiento social. Y también, dicho sea de paso, esa falta de humildad cuando ante las llamadas de atención, de las fuerzas de seguridad, de los medios de comunicación, y sí, también de esos nuevos policías de balcón, no somos capaces de reconocer que quizá, también nosotros como ciudadanos estamos haciendo algo mal.
Nos queda la esperanza de la mayoría silenciosa que hace las cosas bien.




No hay comentarios:

Publicar un comentario