sábado, 22 de marzo de 2025

LA VIDA TRAS LAS VENTANAS - FURGONETAS BLANCAS

Hoy es una ventana diferente. Es la ventana de un hospital oncológico. Detrás de estas ventanas conviven muchas emociones, pero hay una que es predominante sobre las demás y es el miedo. 

El mundo a veces se queda parado, como cuando te dan un diagnóstico de cáncer, o cómo cuando se lo dan a un ser querido. De repente estás bien, tienes ilusiones, haces planes, trabajas, estudias, y en un momento todo eso pasa a estar en pausa porque ningún diagnóstico de cáncer es un diagnóstico sencillo, y ninguno tiene un tratamiento corto, o en el mejor de los casos, un seguimiento corto. De repente la enfermedad pasa a ser prioridad mientras todo lo demás permanece en pausa, a veces por un tiempo, a veces para siempre. 

Camas blancas, comida en bandejas, tubos, agujas, camisones, pañuelos para la cabeza, pelucas. 

Inyecciones, quimioterapias, radioterapias, pastillas. 

Esperanza, incertidumbre, ilusión, dolor, miedo. 

Detrás de esas ventanas los pacientes y sus familiares se asoman a ese mundo que continua impasible, ajeno a lo que ocurre dentro. 

Y a veces hay furgonetas que aparcan delante. Furgonetas para llevar camillas, furgonetas que no son ambulancias, que no tienen ventanas, que no llevan aparatos médicos, que no llevan asistencia sanitaria.
Y delante de este hospital oncológico que conozco tan bien, esas furgonetas son blancas. No tienen ningún distintivo que las diferencie del resto. 
Todos sabemos para qué son si te fijas un poco, pero tienes que hacer el esfuerzo de fijarte, porque sino, simplemente pasan desapercibidas y supongo que es exactamente lo que se pretende con esa asepsia. Y la verdad, para todos los que están asomados a esas ventanas para ver el mundo al que con suerte volverán pronto, a seguir con sus vidas, aunque ya nunca volverán a ser las mismas de antes, se agradece que cuando esas furgonetas aparcan a la puerta sean blancas, y simplemente, pasen desapercibidas. 


lunes, 2 de diciembre de 2024

LA VIDA TRAS LAS VENTANAS - ROSAURA 1

Llegó a Madrid en el mes de Octubre, en busca de una vida mejor, y huyendo de la inseguridad y con la promesa de que en España podría conseguir un buen trabajo, y podría enviar dinero a su familia que se quedaba en Honduras. Y dejó a su dos hijos que quedaban a cargo de la abuela por un máximo de 6 meses. 

“¿Qué son 6 meses? - se pasan en un suspiro. Ya verás cielo, con la abuela lo vais a pasar fenomenal, y seguro que en primavera, antes de que llegue el verano, en cuanto termine el curso, ya podréis venir conmigo, ¡Veréis que bien vamos a estar!. Con un poco de suerte, incluso encuentro trabajo pronto y gano el dinero suficiente para venir a pasar navidad con vosotros.” 

Eso fue lo que le dijo a Ana, su hija mayor, de 11 años. Al pequeño, a Luis, de 5 años, le dio un abrazo y tantos besos como fue capaz hasta que él se zafó de sus brazos para continuar jugando. A los dos les prometió que volvería pronto a por ellos. 

Eso es lo que de verdad creía Rosaura aquel octubre de 2018, hace ya 6 años, cuando preparaba su viaje para venir a Madrid en busca de un futuro mejor para toda su familia. Solo los ha vuelto a ver en videollamadas, unas videollamadas que cada vez se espacian más. 

Atrás quedaron muchas de aquellas ilusiones, y lo que encontró sin embargo fue desprecio y precariedad y poco más de aquel sueño que se prometió a si misma y a su familia, donde encontraba un buen trabajo y vivía en condiciones que le permitieran progresar y reunir a su familia. 

Veo a Rosaura cada día por las mañanas desde mi ventana mientras desayuno, o mientras hago la comida. Es la mujer que cuida la casa de mi vecina, y que cuida a los hijos de mi vecina, y que cocina para ellos, y lava y plancha y limpia, y hace todas las cosas que debería haber hecho para su familia, y para sus hijos. Pero las hace aquí, al otro lado del mundo, por el salario mínimo, probablemente sin contrato y sin papeles. Y cada mañana, cuando la veo tras mi ventana, Rosaura me saluda, y me sonríe amablemente, y cuando mi hija de 5 años está conmigo, su mirada se vuelve nostalgia pensando en su Luis, que ya tiene 11 años, y le está viendo crecer tras una pantalla. Como yo la veo a ella año tras año, al otro lado del patio, detrás de esa ventana. 



domingo, 1 de diciembre de 2024

LA VIDA TRAS LAS VENTANAS - LAURA 1

Domingo por la noche:

Laura vive sola. Hace dos años que ha llegado a esta ciudad y por fin ha conseguido abandonar el piso compartido en el que vivía con otras compañeras. Compañeras y amigas, por casualidad y por necesidad.

Lleva solo una semana en su nuevo hogar. Es un pequeño apartamento de una habitación. Al menos ha conseguido encontrar un apartamento y no un estudio. El precio era mejor porque no estaba amueblado. Sí que tenía los electrodomésticos porque de lo contrario, tampoco le hubiera servido. No hubiera podido comprarlos. 

Esta primera semana la ha pasado intentando hacerse con muebles básicos y de momento ha conseguido una cama y un sofá. Eso es todo. No una mesa, ni unas sillas. Tampoco una televisión. Ahora ya no hace falta. Vemos todo en nuestro ordenador, tablet o teléfono y Laura tiene las tres cosas, así que la televisión, ya llegará más adelante. 

El resto de sus posesiones son las cosas que le cabían en apenas tres maletas con su ropa y artículos de higiene que ha vaciado en los armarios de su única habitación y en el baño, y cuatro cajas de cartón que pidió en el supermercado de la calle donde estaba su antigua casa compartida. 

Una de las cajas guardaba algunos utensilios de cocina que también ha podido colocar y las otras tres albergan aún sus libros y otros pequeños recuerdos que ha ido acumulando estos dos años. Ahora esas cajas, sin vaciar, son su mesita de noche y la mesita de centro del salón donde poder comer o apoyar el ordenador para trabajar o relajarse. Y de momento irá tirando con eso. No necesita mucho más. Bueno sí. algo que aún no ha conseguido es que la compañía de telefonía le instale internet, así que está en precario y consumiendo los datos de su teléfono. Le han prometido que esta semana llegará la instalación. 

Ahora es domingo por la noche y Laura está mirando por la ventana. Esa ventana al mundo que ha conseguido tener. Poder pagar sola un alquiler en Madrid es para ella un gran triunfo, a pesar de no tener muebles, a pesar de no tener ahorros. 

Laura mira por la ventana mientras escucha música sintiéndose una triunfadora en la ciudad. 

martes, 27 de agosto de 2024

Chat GPT

A veces tengo pensamientos que creo que pueden ser una entrada, algo interesante sobre lo que escribir, algo que podría interesar o podría interesarme a mi profundizar sobre ello. Entonces cojo mi teléfono móvil y grabo una nota de voz para no olvidarlas. Hoy he vuelto a esas notas con la intención firme de escribir sobre una de ellas. Sin embargo no me sentía inspirada y no sabía por donde empezar. La presión de la página en blanco supongo. Y por un momento muy fugaz me he sentido tentada de usar Chat GPT para escribir, o más bien, para que me lo escribiera. Ponerle el texto de lo que estaba pensando, describir en el prompt la lógica que había detrás de esa idea, y ver qué me ofrecía la IA y simplemente luego, copiar/pegar. Más fácil desde luego. Más impersonal también. Y he decidido escribir sobre Chat GPT. ¿Qué uso se le estará dando? ¿Cuántas entradas o resúmenes se estarán creando mediante la IA? ¿Cuánto talento vamos a dejar de desarrollar? ¿Cuánta creatividad se perderá? 


lunes, 30 de octubre de 2023

Por siempre Chandler Bing

Hoy nos levantamos con la noticia del fallecimiento de #matthewperry, para siempre #chandlerbing en #friends.

Friends fue la primera sitcom en batir récords. Dejamos pasar a nuestras casas 6 personajes a los que aprendimos a amar durante 10 temporadas. Crecimos con ellos. Aprendimos con ellos. Reímos y lloramos con ellos.
Cuando las artes escénicas, del tipo que sean, (literatura, cine o tv, música...), consiguen que nos podamos identificar, que nos emocionemos con lo que nos transmiten, es como magia. Friends y todos sus protagonistas lo consiguieron. Por eso hoy sentimos todos esta pérdida como algo cercano.
Sr. #chandlerbing, muchas gracias por tantos momentos de hacernos sentir y dejarnos sentir nuestras emociones.



domingo, 24 de septiembre de 2023

¿Cuántas cosas caben en una vida?

Es la reflexión que tenía en este momento, cuando son las 2 de la mañana y estoy trabajando. Tras una racha bastante mala en la que me cuestiono y me castigo a mi misma por cagarla, una y otra y otra vez. Y de repente, he mirado fuera, hacia la ventana, en la oscuridad de la noche he visto mi reflejo en la ventana, y he pensado que si he llegado hasta aquí, aunque lo pase mal, encontraré la forma de seguir adelante.

Así que prueba. No importa como estés. En este preciso instante párate un segundo y mírate.

Mira tu reflejo en un espejo, en un cristal, en una ventana y piensa: Estás aquí. Has llegado hasta aquí. Con tus buenos y tus malos momentos. Así que, sigue, solo sigue. Planifica aquello que quieres modificar y continua adelante. Si eres capaz de mirarte y ver todo lo que has logrado hasta llegar a donde estas seguro que podrás relativizar los malos momentos que estas atravesando, y si estás en un momento dulce, párate también y disfrútalo y atesora estos momentos.
Porque piénsalo. ¡Cuántas cosas caben en una vida!


miércoles, 8 de diciembre de 2021

Un año más, un año despues.

 

Hace un año que no pasaba por aquí. Siempre termino volviendo a la escritura. 

Hoy soy más libre que hace un año. Ejecuté decisiones que hacía tiempo que había tomado porque atentaban contra mis principios y mis valores. No me atrevía a dar el paso y por fin me decidí. Es increíble que un cáncer haya sido quien me haya dado el empujón para dejar de vivir una vida que no era mía y me hacía tremendamente infeliz. Supongo que son circunstancias que nos llevan al límite que nos hacen tomar decisiones. No seguir dejándonos arrastrar. 

A veces tengo nostalgia pero estoy segura de haber hecho lo correcto. Porque la nostalgia que siento no es por lo que tenía, sino por lo que yo querría haber tenido. Y eso era una ficción en la que llevaba 20 años metida. 

Pero aún no sé quien soy. O quien era. O quien voy a ser. Voy dando pasos un poco sin sentido. 

Y no tengo claro por donde tengo que seguir ahora. 



Libertad

Una vez leí en algún sitio algo parecido a que ser libre era igual a no tener miedo a escribir. No sé cómo era la frase pero me sentí bastante identificada. 

Yo no me atrevo a ser libre. Cada vez que vuelvo aquí pienso en quien podrá leer lo que escribo y entonces no lo hago. 

Todos somos prisioneros de lo que no queremos compartir con el mundo. Todos guardamos secretos que nos hacen vulnerables. Liberarnos de los secretos, dejar fluir lo que sentimos, nos hará más libres. 









sábado, 21 de noviembre de 2020

Querría volver atrás

Querría volver atrás. 

Me ocurre sobre todo cuando veo a alguien fumando. 

Yo soy Ex-fumadora. Hace un año que lo dejé. Ya lo había dejado antes. La primera vez lo dejé por tres años (cuando me quedé embarazada). A los tres años volví. Luego lo volví a dejar años después, durante otro año. Y de nuevo, volví a fumar. Supongo que esta vez es la definitiva porque ha sido porque he tenido cáncer. 

Y si, querría volver atrás en el tiempo. Pero no atrás hace un año y medio, cuando aún no me habían diagnosticado el cáncer, mi padre aún vivía, yo tenía trabajo y aún no había COVID. La Antigua Normalidad.

Tampoco querría volver a hace tres años, cuando todo era pura rutina y aún más normalidad, mi normalidad. Mi madre aún no había sido diagnosticada de cáncer y por tanto aún vivía, y todos a mi alrededor incluida yo estábamos sanos y teníamos trabajos estables y "satisfactorios". 

Pero no. Yo querría volver aún más atrás. Mucho más atrás. A un tiempo donde no existía dolor ni miedo ni incertidumbre, donde yo era decidida y feliz y estaba segura de mi misma. ¿Cuándo perdí esa seguridad? Lo tengo claramente identificado. Fue exactamente hace 19 años. En ese momento varias cosas sucedían. Mientras me sumergía en una supuesta felicidad me iba perdiendo a mi misma. 

Ahora tengo cosas mucho mejores que las que tenía entonces, en concreto una persona. Pero ese sentimiento de plenitud y de fuerza interior y de seguridad, no lo tengo. Yo no me he recuperado. Pero al menos he tomado la firme decisión de volver a ser quien fui. 

Yo fumaba. Ahora ya no fumo. Y miro los cigarrillos con la nostalgia de saberme a mi misma de otro modo. 

Mi yo de entonces tiene humo. 


jueves, 2 de julio de 2020

Vacaciones

Vacaciones muy diferentes este año, y seguimos confinados por ser de paciente de riesgo, pero hemos cambiado el lugar de confinamiento y así es otra cosa.
Poder disfrutar de esto es un gran privilegio. Así que aquí estoy aprendiendo a dar las gracias.

miércoles, 24 de junio de 2020

Diferentes normalidades

Hoy he tenido que salir a la calle para acudir al hospital. Eso es lo poco que estoy saliendo. Supongo que no tengo esa urgencia por salir y socializar y al fin y al cabo, tengo cierto síndrome de la caverna. 

Las medidas se han relajado, sin embargo en Madrid sigue habiendo del orden de 1000 contagios semanales (entre los que se confirman por pruebas PCR y los que están en seguimiento por los centros de atención primaria), luego el virus, sigue ahí fuera. Yo no sé qué piensa la gente, si tienen miedo o no, o simplemente pese al miedo han decidido recuperar cierto grado de normalidad, o en algunos casos total normalidad. Yo si tengo miedo, pero influye que soy paciente de riesgo, por lo que supongo que es lógico. 

Cuando salgo observo a la gente. En la calle, en las terrazas, en el hospital, en las tiendas a las que aprovecho para ir las escasas veces que salgo (herbolario, gasolinera, farmacia...)

Veo gente responsable y gente que no lo es. 
Veo gente que camina rápido, pero con una prisa diferente, como de querer volver a un lugar seguro, y gente que toma algo relajadamente en una terraza, sin mantener las distancias, compartiendo risas sin preocupaciones aparentes. 
Veo niños jugando juntos nuevamente, compartiendo balones, comiendo helados, y padres charlando entre ellos, pero también veo gente que mantiene la rutina de los paseos con los niños y el distanciamiento social. 
Veo gente que va con mascarilla y gente que la lleva en la barbilla, cuello, codo o directamente que no la lleva. Y me extrañan ambos comportamientos. Me extraña ver que hay gente que no lleva la mascarilla, supongo que no les importa, o quizá ya han pasado el virus y no lo encuentran necesario. Pero me extraña también mirar a mi alrededor y ver tanta gente con mascarilla. Creo que es algo que nunca habíamos imaginado y de repente forma ya parte de nuestro atuendo y del paisaje de las ciudades. Pero a mi, se me sigue haciendo raro. 
Y sobre todo lo que veo es recelo en las miradas. Gente que mira con desconfianza  a gente aparentemente despreocupada que mira con recelo a quienes les miran a ellos. Hay miradas de desconfianza y miradas retadoras en unos y en otros. 

La "normalidad" avanza y con ella parece que hemos salido dos tipos de sociedades diferentes. 



lunes, 22 de junio de 2020

Aceptación

Trabajar la aceptación es la parte más compleja en todo proceso de aprendizaje, cambio, crisis o duelo.

Instaurados en la nueva normalidad, lo que a mi me gustaría es poder salir con total tranquilidad a la calle, incluso aún con el "sacrificio" o la "prudencia" de tener que ir con mascarilla. Esa no tranquilidad, ese miedo, es consecuencia de una no aceptación de la situación real y un no querer asumir y por tanto desear estar en la situación anterior, la que considerábamos "normal" y "segura".

Pero aunque no nos guste, hemos de aprender a aceptar y aprender a vivir con la nueva situación. Una vez aceptas comienzas a sentirte más tranquilo y a dejar espacios en tu vida para continuar adelante pese a las adversidades.


viernes, 19 de junio de 2020

Fin de las Clases. Oficialmente de vacaciones

Hoy mi hijo está oficialmente de vacaciones y ha terminado 6º de Primaria. Es oficialmente un alumno de la ESO para el año próximo.

Ha sido un trimestre absolutamente atípico, donde los profesores han hecho, en mi opinión, un enorme esfuerzo por continuar manteniendo unas rutinas para sus alumnos, haciendo uso de todas las herramientas que han tenido a su alcance. Unos más que otros. Ya sabemos de la brecha digital y que no todo el mundo ni en todos los colegios tienen las mismas herramientas y capacidades.

Supongo que cuento con una gran ventaja. Tengo solo un hijo y es autónomo e independiente, y además, no estoy teletrabajando. Hay seguro muchas otras familias a las que seguro les ha resultado un proceso mucho más difícil e incluso imposible de implementar. Habrá que ver qué ocurre a partir de septiembre para la vuelta al colegio con seguridad.

Yo por mi parte solo puedo dar las gracias. Los profesores se han comportado de manera magistral. Ha habido exigencia moderada y totalmente asumible con un mínimo de responsabilidad por parte de los alumnos (11 años) sin apenas supervisión paterna. Los alumnos no habrán adquirido probablemente todos los conocimientos para este año pero han aprendido a ser más pacientes y más resilientes. Han aprendido que lo más importante es estar bien y equilibrado y han continuado, aunque virtualmente, manteniendo contacto social con todos sus compañeros y profesores.

Y los padres hemos aprendido que mantener a salvo la salud mental de nuestros hijos es más importante que los contenidos lectivos y que éstos ya habrá tiempo para aprenderlos mejor.

Hoy como último día, han compartido desayuno entre todos y a las 12,30 han finalizado cada uno con su aperitivo. El ambiente era festivo y alegre aunque se extrañen los besos y abrazos que seguro se hubieran dado de haber estado en el colegio.


jueves, 18 de junio de 2020

Quiérete

Llevo unos meses trabajando en mí misma. Intentando recuperar un equilibrio personal que estaba totalmente desaparecido. 
He descubierto que tenía estrés crónico, que me encontraba ansiosa y con dificultad para respirar incluso estando sentada en mi salón, aparentemente tranquila, viendo una película, leyendo un libro o simplemente sin hacer nada. 
La mente no dejaba de jugarme malas pasadas. Anclada en eventos pasados y tratando de anticipar futuros inciertos y todo ellos totalmente devastadores. 
El coronavirus además no hizo más que agravar esta situación de preocupación constante. 
Pero desde hace un par de meses he comenzado a hacer cosas que nunca antes me imaginé que podría hacer. He comenzado a hacer yoga y mindfulness regularmente. Procuro posicionarme en el momento presente y trabajo con mi mente en anclajes positivos para tratar de reprogramarme a mi misma. Y contra todas mis creencias pasadas, está funcionando pues cuando consigo ser constante sin duda me siento mejor. 
Y estoy volviendo a verme a mi misma, a la que era hace unos años. Y a quererme nuevamente como ser único y completo. Y a disfrutar de mi misma y de mi tiempo y por tanto también hacérselo más fácil a quienes conviven conmigo. 
Y he empezado a estudiar porque tengo claro qué quiero ser de mayor cuando todo esto pase. Pero eso, ya lo contaré en otro momento. 

miércoles, 17 de junio de 2020

“Nueva Normalidad“


A pesar de que llevo años practicando voluntariamente el distanciamiento social, no me gusta esta nueva normalidad. Y no me gusta no por no poder juntarme con la gente, o por tener que llevar mascarilla. No me gusta porque significa que ahí fuera hay un peligro invisible que supone una amenaza.

Vivo relativamente cerca del Aeropuerto Adolfo Suarez Madrid Barajas, y aunque en menor medida, los aviones sí han seguido aterrizando y despegando. Algunas noches, con la reducción del ruido ambiental de gente y coches por la calle, escucho con mayor claridad los aviones sobrevolando cerca. Casi nunca los llego a ver, solo los escucho. Pero me asomo entonces a la ventana e imagino quien viajará en esos aviones. ¿Cuál será su destino? ¿Será por placer o por obligación? ¿Estarán volviendo a casa?

E imagino el bullicio del aeropuerto antes de la pandemia, y me imagino a mi misma con mi familia tomando un avión hacia un destino de vacaciones y fantaseo con la Normalidad, no la nueva, sino la de siempre. Respiro profundo en la ventana, aspirando la noche y escuchando los aviones, y siento mucha nostalgia.



domingo, 17 de mayo de 2020

Fases.

Seguimos en Fase 0. Y menos mal porque Madrid, pese a lo que nuestros gobernantes digan, no está aún en condiciones de pasar de Fase. La atención primaria sigue aún atendiendo casos de Covid, por lo que no se atienden el resto de patologías, al igual que ocurre aún en los grandes hospitales, Y las UCI aún siguen muy por encima de su capacidad basal.
De los números de contagios que dan en Madrid es difícil fiarse porque cada día revisan las cifras de días anteriores por lo que habría que revisar la serie semanalmente para hacerse una idea de los nuevos contagios diarios reportados.
Son los sanitarios, esos a los que hoy dejaremos de aplaudir, los que están haciendo su propio recuento, y sus cifras son, al menos para mi, mucho más fiables.
La gente sin embargo no parece estar de acuerdo. Caceroladas  alas 21,00 más sonoras que los aplausos, y gente en las calles saltándose todas las normas de distanciamiento social. Y supongo que no hay más actos insolidarios porque los bares siguen cerrados.
Ahora parece que las mascarillas serán por fin obligatorias.  A ver si dejamos de oír la excusa en aquellos que ya no se la están poniendo, aunque supongo que exigirán al gobierno que se las dé gratis. Siempre es más fácil culpar a otro de lo que nosotros hacemos mal.

viernes, 15 de mayo de 2020

La (NO) humildad de nuestra clase política


Estos días he estado reflexionando acerca de porqué la humildad es un valor, que en mi opinión (y podría decir humilde opinión) escasea en nuestra clase política. He decidido acudir a la RAE y ya creo entender mejor el porqué.
Según la RAE, humildad se define en su primera acepción como la “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, en segunda acepción se define como *Bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie” y en su tercera acepción como “Sumisión, rendimiento”.
Limitación, debilidad, bajeza, sumisión y rendirse son palabras todas con una connotación muy negativa y seguramente son sustantivos que ningún experto en Marketing recomendaría a ningún político como estrategia. Tampoco a ninguno de nosotros nos gustaría que nos definieran como débil, o como sumiso.
Y sin embargo yo creo que sería una bocanada de aire fresco que alguno de los Gestores de la mayor crisis que está sufriendo nuestro país demostrara un poco de humildad.
Quizá habría que modificar la definición de humildad para que refleje lo que todos pensamos que es esa gran virtud. Cuando uno demuestra humildad está reconociendo no saberlo todo y reconoce por tanto que es lo suficientemente inteligente como para solicitar ayuda de aquellos que tienen mayores conocimientos. Está pidiendo perdón si en algo se ha equivocado y demuestra por tanto interés por mejorar las cosas.
¿Os imagináis a Pedro Sanchez reconociendo en el Congreso de los diputados que se equivocaron? Porque se equivocaron al no ser previsores, se equivocaron al no aprovisionarse de material para los sanitarios y fuerzas de seguridad, y también para la ciudadanía, se equivocaron al permitir grandes concentraciones cuando ya teníamos casi cien casos confirmados, se equivocaron al afirmar que en esas primeras semanas de marzo la transmisión del virus estaba controlada, cuando era ya más que evidente que existía transmisión comunitaria en varias comunidades españolas.
¿Os imagináis a Isabel Díaz Ayuso reconociendo en la Asamblea de Madrid que se equivocaron? Porque se equivocaron en Madrid y cometieron los mismos errores que el Gobierno Central al no ser previsores y organizar los servicios hospitalarios para atender la demanda que vendría, y se equivocaron al no abastecerse de los EPIS necesarios a tiempo, pues son las consejerías de Sanidad de las Comunidades los responsables gestores de la Sanidad al encontrarse las competencias transferidas y sí, también se equivocaron al rescindir los contratos de las empresas que proveían los menús de las becas de comedor y adjudicar estos servicios a Telepizza y Rodilla.
Es cierto que no estábamos preparados para esto. Nadie lo estaba. Pero además de reconocer que nos faltaba esa preparación, ¿no sería mejor ser humildes, reconocer que se han cometido errores, y pedir ayuda sincera? ¿Qué tal si dijeran abiertamente quienes son los asesores y cuál es su capacitación curricular en materia epidemiológica y económica? ¿Y qué tal si preguntaran a la oposición si hay alguien con mayores conocimientos que no estuvieran en ese equipo
Y ahora imaginad a la oposición, del partido que sea, ofreciendo su ayuda. Imaginad a Pablo casado poniendo a disposición del bien común sus mejores conocimientos, sus mejores expertos, para que puedan ayudar a salir de esta situación lo antes posible, tanto en materia de salud pública como en materia económica.

Porque para esto deberíamos tener a los mejores. Que no dudo yo que no los tengamos, es que, de momento, no sabemos quiénes son. O al menos, no lo sabemos por declaraciones oficiales.
Yo no creo que demostrar humildad sea un signo de debilidad, y tampoco creo que la filosofía de echar la culpa de todo a quien toma las decisiones sin ofrecer alternativas sea la más inteligente.
Tener la lucidez de cambiar de actitud les haría más grandes y nos haría soñar que otra clase política en este país es posible, y creo que, por primera vez, nos haría sentir orgullosos y entonces igual empezaríamos a pensar que merece la pena ir a las urnas.
Porque yo no creo que ni unos ni otros nos quieren llevar a la ruina, pero los unos intentando salvarse de lo que ya es una muerte política asegurada, y los otros intentando sacar rédito político de una situación de crisis sin precedentes, nos están condenando a toda España.
Aunque quizá, para que algo así suceda, la sociedad debería mostrar algo más de madurez democrática, y también de humildad. De momento, seguimos considerando los colores políticos como si de equipos de futbol estuviéramos hablando, generándose así la otra ceguera política. No esa que manifiestan los políticos cuando con sus decisiones y su no ponerse de acuerdo permanecen ajenos a lo que la sociedad necesita o demanda, sino la que manifiestan los ciudadanos, que no son capaces de ser objetivos con los errores cometidos por los dirigentes que visten sus colores, defendiéndolos pese a todo, sin ser capaces tampoco de reconocer cuando el equipo contrario ha hecho algo bien.
Si algo empiezo a tener claro es que la forma de salir de esta crisis parte de la responsabilidad que como individuos tenemos cada uno de nosotros. Llegados a este punto creo que todos somos ya conocedores de cuáles son las medidas efectivas para contener al virus, y solo si las aplicamos conseguiremos contener al virus. El estado de confinamiento ha funcionado para contener la propagación del virus, pero todos estamos de acuerdo que es un estado que no podremos mantener permanentemente y que hemos de, poco a poco, intentar recuperar lo que han venido a llamar “Nueva normalidad”, esa en la que debemos aprender a relacionarnos nuevamente con nuestros iguales a través de una mascarilla y a dos metros de distancia. Pero como decía anteriormente, falta madurez en nuestra sociedad, y yo particularmente no tengo mucha fe cuando cada vez que damos un paso más a favor de la desescalada vemos esos comportamientos de superhombres en la calle saltándose todos los protocolos de distanciamiento social. Y también, dicho sea de paso, esa falta de humildad cuando ante las llamadas de atención, de las fuerzas de seguridad, de los medios de comunicación, y sí, también de esos nuevos policías de balcón, no somos capaces de reconocer que quizá, también nosotros como ciudadanos estamos haciendo algo mal.
Nos queda la esperanza de la mayoría silenciosa que hace las cosas bien.




lunes, 11 de mayo de 2020

Confinamiento

Dos meses se cumplen hoy desde que en nuestra casa nos confinamos y solo salimos para lo estrictamente necesario.

No he hecho nada extraordinario y sí he caído en algunos de las nuevas aficiones de este tiempo de confinamiento.

He dedicado mucho tiempo a cocinar.
He hecho pan y encontrar harina de fuerza y levadura de panadería es para mi una prioridad cuando hago la compra (online por supuesto). Solo lo he conseguido una vez en estos dos meses.
He hecho bizcochos, de varios tipos, así que la harina normal y la levadura royal también son un must en mi lista de la compra. Igual que con la otra, solo las he conseguido en una ocasión.
He hecho otro tipo de dulces, como por ejemplo el flan, con los que saciar mi ansiedad y la gula de mi familia.
Y he cocinado cosas que nunca antes había hecho, como por ejemplo, fabes o albóndigas, intentando imitar en este último caso las que hacía mi madre, y con bastante éxito he de decir.

Durante las primeras tres semanas creo que estuve sobreinformada. Veía todos los informativos, consumía ávidamente el canal 24 horas, leía en redes todo lo relacionado con la pandemia y casi el único tema de conversación era el Coronavirus. Luego dejé de hacerlo. Me cansé de las mentiras. Ahora si veo un informativo al día es suficiente. Me informo por prensa en redes, y por las propias noticias que se comparten en las redes. Pero la mayor parte del día la televisión está apagada.

No he hecho ejercicio, más allá del yoga. Pero no tengo una rutina establecida como tal. Cuando me apetece hago algo y cuando no, pues no. Y no me siento culpable. Paso días enteros sin hacer nada.

No estoy consumiendo más cine y más series que las habituales del fin de semana, con la pizza de rigor (que hacemos en casa).

No he hecho ningún curso online, aunque ahora estoy pensando en apuntarme a alguno. Pero el motivo no es aprovechar el confinamiento sino recuperar proyectos que estaban aparcados, así que los haría igualmente en caso de no estar confinados. Digamos que el plantearme hacer algún curso es más indicativo de una vuelta a la normalidad que al contrario.

Sí he vuelto a escribir. Y una pequeña muestra de ello es la creación de este blog. Eso sí es consecuencia directa del confinamiento. Aunque muy probablemente lo hubiera hecho de igual modo por mis circunstancias personales.

Se que no voy a salir de este confinamiento siendo mejor persona. Creo que en general, no saldremos siendo mejores como sociedad.

Creo que nos escondemos detrás del concepto de mediterráneos para justificarnos. Necesitamos el contacto, nos decimos, no somos como los nórdicos. Somo de abrazos y besos, de estar con mucha gente, de compartir. Todo eso nos decimos. Yo creo que en realidad lo que queremos es que no nos impongan una manera de hacer. Nosotros ya sabemos bien que es lo que tenemos que hacer. ¡Faltaría más! Queremos dar libertad a nuestros impulsos de hacer lo que consideramos que es mejor para nosotros, lo que nos reporta más satisfacción esté o no bien. Y por eso en cuanto nos han soltado hemos empezado a ver comportamientos poco responsables con la contención de la pandemia. Porque no estamos pensando en el bien común como sociedad, sino en nosotros mismos.

No creo que nada cambie cuando todo esto acabe y recuperemos la normalidad. No la nueva normalidad, sino la antigua normalidad. En cuanto todo pase nos olvidaremos de lo vivido y volveremos a nuestra rutina, porque creo que es lo que nos permite seguir adelante entre tanto individualismo camuflado.

Yo de momento, no me he sentido mal en esta nueva rutina. Así que seguiré viendo la vida a través de la ventana y saliendo solo para lo imprescindible.



domingo, 10 de mayo de 2020

Viajar

Ahora miro muy a menudo las fotos de nuestros viajes. Las miro porque de algún modo soy capaz de sentir lo mismo que sentía cuando esas fotos fueron tomadas.

Hace algunos años, nuestras vacaciones de verano eran por un lado playa, por otro pueblo. Y estaban bien, pero yo quería algo más.

Los últimos 6 años adoptamos una costumbre. Un viaje en invierno y un viaje en verano. Y el pueblo, el pueblo no lo perdonamos nunca.

El viaje de verano es el que más tiempo me lleva preparar.
Pensar el destino e investigarlo, buscar los vuelos, planificar la ruta, las paradas, días que permaneceremos en cada destino, las actividades, las visitas, los alojamientos.

Invierto muchas horas realizando esa tarea e imaginando lo que sentiré al llegar allí. Comparto mis planificaciones con la familia que siempre me dicen a todo que si y se dejan llevar por mi planificación. Y disfruto casi tanto de la planificación como del viaje. Tiempo de evasión.

Viajar es explorar nuevos lugares, sus gentes, sus paisajes, su cultura, su arquitectura, su gastronomía, su historia. Es conocer, es libertad, es flexibilidad, es sorpresa, es cansancio, es tristeza y alegría, es abandonar la rutina durante unos días y dejar de ser yo y mis responsabilidades para solo sentir lo que el mundo tiene que ofrecer. Y es desear volver a casa para darte cuenta de lo afortunado que eres por volver.
Y el mundo es tan grande.

Son muchas sensaciones y muchas emociones concentradas en un corto espacio de tiempo.

Este año todo se ha paralizado. Esto también nos lo ha quitado el coronavirus. Este año no puedo planificar ese viaje que haríamos y lo extraño. Así que miro las fotos y pienso cuál sería el destino de este año. Y pienso en cuándo podremos hacerlo.

Por suerte el año pasado hicimos un viaje no planificado adicional, así que nos sobra uno. Habrá que tener paciencia.







sábado, 9 de mayo de 2020

Gente brillante

Volver a los blogs me está haciendo reconciliarme con el género humano.

Cuanta gente brillante habita por el mundo.
Cuanta gente con inquietudes que saciar y en busca de información.
Cuanta gente con verdadero talento escribiendo desinteresadamente para que otros podamos leerles.
Cuanta gente que nos descubre los maravillosos o tenebrosos mundos en los que habita y nos deja pasar para echar un vistazo.


Y cuanto me queda por aprender a mi.